Los Juegos Bonaerenses movieron Mar del Plata y dejaron plata
La 35ª edición reunió a 30 mil finalistas y le dio oxígeno a hoteles, restaurantes y comercios de Mar del Plata, justo cuando el turismo sigue golpeado por la caída del poder adquisitivo

La 35ª edición de los Juegos Bonaerenses reunió a 30 mil finalistas y dejó movimiento económico en Mar del Plata. El gobierno bonaerense presentó el balance del certamen como un impulso para la hotelería, la gastronomía y el comercio local, una foto útil en una ciudad que viene sintiendo la baja del consumo y del turismo interno.
El número que importa
La cifra central no es menor: 30 mil finalistas circularon por la ciudad durante la competencia. Eso significa camas ocupadas, mesas servidas y negocios con algo más de caja. No resuelve la temporada ni cambia la tendencia general, pero le da aire a un destino que depende demasiado de los fines de semana largos, las vacaciones y la suerte de turno.
La Provincia usó ese dato para defender el evento con una lógica simple: si el turismo privado flojea, el Estado todavía puede empujar demanda. No es un descubrimiento. Es más bien la admisión elegante de que, cuando el bolsillo se achica, las ciudades turísticas cuentan billete por billete.
Qué dejó el certamen
El impacto se sintió sobre todo en hoteles, restaurantes y comercios de cercanía. Es el efecto clásico de este tipo de competencias: miles de delegaciones, estadías cortas y consumo repartido en varios rubros. Mar del Plata, que suele vivir del verano, encontró por unos días una actividad más parecida a la de una alta temporada chica que a la de una ciudad en pausa.
Página/12 puso el foco en ese repunte y lo leyó como una señal para un sector golpeado. El balance oficial aparece, además, en un contexto incómodo: la caída del poder adquisitivo sigue frenando viajes y gastos discrecionales. La postal de los Juegos, entonces, funciona casi como excepción estadística.
La lectura política
El Gobierno bonaerense presentó el resultado como un argumento a favor de sostener el programa. También como una forma de mostrar gestión con efecto concreto. En la práctica, el mensaje es más simple: el deporte escolar y amateur también derrama plata. No cambia la macroeconomía, pero sí mueve una ciudad entera por unos días.
Y ahí está la paradoja: un certamen pensado para competir termina entrando en la cuenta del turismo y del comercio. A veces, en Argentina, el dato deportivo más útil no es el medallero sino la ocupación hotelera.
Mar del Plata recibió miles de visitantes y algo de alivio; los hoteleros, al menos por esta vez, pudieron sonreír antes de mirar el calendario del próximo fin de semana largo.
El cruce
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Fuentes consultadas
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